Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - ¡Cielos! Después de todo, no te dijeron más que la verdad. Sácala enseguida, y tendremos comida para el domingo.
El marido cogió la liebre y luego condujo a su mujer al lugar de¡tesoro. Levantó las ramas, removió la tierra, sacó la caldera y se la llevaron a casa.
El matrimonio fue rico desde aquel día y vivió alegremente, pero la mujer no se enmendó; cada día invitaba gente y les daba tales banquetes, que al marido casi se le hacía aborrecible su casa. El hombre trató de corregirla.
- ¿Pero en qué piensas? -le decía.- ¿No quieres hacerme caso?
- No recibo órdenes ni de ti ni de nadie -replicó ella.- Yo también encontré el tesoro y tengo tanto derecho como tú a divertirme como él me permite.
El marido estuvo desde entonces algún tiempo sin decirle nada, pero al fin le dirigió la palabra diciendo:
- ¡Haz lo que te dé la gana, pero no estoy dispuesto a que tires más dinero por la ventana!
La mujer se enfureció y contestó en mal tono:
- Ya sé lo que quieres: guardar todo el dinero para ti. Antes te arrojaré por el despeñadero para que los cuervos te dejen sólo con los huesos. ¡No te lucirá mucho mi dinero!