Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El marido le hubiese dado un golpe, pero la mujer huyó y acudió al juez y presentó una querella contra aquél.
- Vengo a ponerme en manos de tu piadosa justicia y a presentar una demanda contra mi inútil marido. Desde que encontró el tesoro no es posible vivir con él. No quiere trabajar y pasa el tiempo bebiendo y pindongueando. Quítale todo el dinero padre. ¡El oro que así pervierte a una persona es cosa vil!
El magistrado se apiadó de la mujer y envió a su escribano más antiguo para que fuese juez entre el marido y su esposa. El escribano reunió a todos los ancianos del pueblo y cuando se presentó el campesino le dijo:
- El magistrado me ha mandado venir y ordena que me entregues todo tu tesoro.
El campesino se encogió de hombros y preguntó:
- ¿Qué tesoro? No sé nada de mi tesoro.
- ¿Que no sabes nada? Pues tu mujer acaba de ir a quejarse al magistrado, y yo te digo, amigo, que si niegas, peor para ti. Si no entregas todo tu tesoro a¡magistrado, habrás de responder por tu osadía de encontrar tesoros y no descubrirlos a la autoridad.
- Perdonadme, honorables señores. ¿De qué tesoro me estáis hablando? Tal vez mí mujer haya visto ese tesoro en sueños, os habrá dicho un cúmulo de insensateces y le habéis hecho caso.