Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El padre accedió, permitiendo que los tres mendigos pasaran la noche en el establo. Cuando todos dormían en la casa, se levantó Anastasia y se dirigió de puntillas al establo, se encaramó al tejadillo y desde allí pudo ver a los tres hombres. Los mendigos estaban agrupados en el centro del establo, apoyando en sus báculos sus trémulas manos, y sobre éstas se derramaban sus luengas barbas, y pudo oír lo que hablaban entre sí en voz baja. El más viejo de todos miraba a los otros dos y les preguntaba:
- ¿Qué ocurre por este mundo?.
El segundo contestó:
- En el pueblo de Pogoryeloe, en casa de Juan el Pobre, ha nacido el séptimo hijo. ¿Qué nombre le pondremos y qué herencia le depararemos?
Y el tercer viejo, después de reflexionar, dijo:
- Lo llamaremos Basilio y lo enriqueceremos con las riquezas de Marco el Rico, bajo cuyo techo estamos pasando la noche.
Cuando hubieron dicho esto, se despidieron, se inclinaron ante las santas imágenes, y con paso torpe salieron del establo. Anastasia, que todo lo había oído, corrió a ver a su padre y le repitió las palabras de los viejos.
Marco el Rico se quedó pensativo y tras largas reflexiones se dirigió al pueblo de Pogoryeloe.