Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La vieja pegó al perro y le dio pasteles, pero el perrito siguió gritando:
- La hija del dueño viste de plata y oro, mas la hija de la dueña no tendrá galanes que la miren.
Crujió el suelo, las puertas se abrieron de par en par y entraron la gran arca y detrás de ella la hijastra vestida de plata y oro y resplandeciente como el sol. Al verla la madrastra, levantó los brazos y exclamó:
- ¡Marido mío! ¡Marido mío! Saca un par de caballos y llévate a mi hija inmediatamente. Déjala en el mismo campo y en el mismo sitio.
El marido llevó a la hija al mismo sitio. Y Moroz Narizrubia se acercó y viendo a la muchacha empezó a preguntarle:
- ¿Estás caliente, mocita?
- ¡Vete al cuerno! -replicó la hija de la vieja. ¿No estás viendo que tengo brazos y piernas entumecidos de frío?
Morozko comprendió que por más saltos y cabriolas que ejecutase no obtendría una respuesta amable, y acabó por disgustarse con la hijastra y helarla, hasta que murió de frío.
- ¡Marido mío, marido mío! Ve a buscar a mi hija. Llévate los caballos más veloces y procura que no vuelque el trineo y se estropee el arca.