Cuentos de hadas Rusos

Cuentos de hadas Rusos

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Por fin llegó al Imperio de Tres Veces Diez y en la frontera encontró a un hombre salvaje, alto como un árbol del bosque y gordo como un almiar, y su mano empuñaba una clava de roble. Y el gigante dijo al Zarevitz Iván:

- ¿Adónde vas, gusano?

- Voy al reino de la Zarevna Belleza Inextinguible en busca del agua de la vida para mi padre el Zar.

- ¿Cómo te atreves a tanto, pigmeo? ¿No sabes que hace siglos soy yo el guardián de su reino? Te advierto que me alimento de héroes, y aunque los jóvenes que vinieron antes montaban más que tú, todos cayeron en mis manos y sus huesos están esparcidos por aquí. ¡En cuanto a ti, no tengo para sacar de pena mi estómago, pues no eres más que un gusano!

El Zarevitz comprendió que no podría derribar al gigante y cambió de dirección. Anda que andarás, se metió con su caballo por lo más intrincado de un bosque, hasta que llegó a una choza donde vivía una vieja muy vieja, que al ver al joven exclamó:

- ¡Salud, Zarevitz Iván! ¿Cómo te ha guiado Dios hasta aquí?

El Zarevitz le reveló sus secretos y la vieja, compadecida de él, le dio un manojo de hierbas venenosas y una pelota.


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