Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El Zarevitz Iván rodó por la pendiente al fondo de un abismo muy hondo, tan hondo que fue a parar al Reino Subterráneo. "¡Esto sà que es desgracia! -pensó para sÃ.- ¡Nunca encontraré el camino que pueda sacarme de aquÃ!" Y se puso a andar por el Reino Subterráneo. Anda que andarás, anda que andarás vio que el dÃa iba menguando, menguando, hasta que fue completamente noche. Por fin llegó a un lugar que no era desierto, y junto al mar habÃa un castillo como una ciudad y una choza como una mansión. El Zarevitz Iván se acercó a buen paso a un pajar y desde el pajar se introdujo en la choza, rogando a Dios que le concediera un descanso reparador aquella noche.
Pero en la choza vivÃa una vieja, muy vieja, muy vieja, toda llena de arrugas y con el pelo blanco, que le dijo:
- ¡Buenos noches, amiguito! Sé bien venido, puedes descansar aquÃ, pero, dime: ¿cómo has llegado?
- Muchos años tienes, abuela, pero tu pregunta no denota mucho seso. Lo primero que deberÃas hacer es darme de comer y de beber y dejarme dormir, y luego me harás las preguntas que quieras.
La vieja le sirvió enseguida de comer y de beber, dejó que se acostase a dormir, y luego volvió a preguntar. Y el Zarevitz le contestó: