Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Se acercó al primer árbol e hizo lo que se le había ordenado, se santiguó tres veces, descargó un hachazo en el tronco y, echado de bruces en el suelo, se quedó dormido. No tardó mucho en despertar, se levantó y vio un barco apercibido para la marcha. Sin pensarlo poco ni mucho, el tonto se subió a él y apenas se hubo sentado, la nave empezó a volar por el aire. Vuela que vuela, el tonto vio a un hombre que, tendido en el camino, estaba aplicando una oreja al duro suelo.
- ¡Buenos días, tío!
- Buenos días.
- ¿Qué haces ahí?
- Escuchar lo que pasa por el mundo.
- Sube a la nave y siéntate a mi lado.
El hombre no se hizo rogar y se sentó en la nave que siguió volando. Vuela que vuela, encontraron a un hombre que andaba brincando con una pierna mientras tenía la otra fuertemente atada a una oreja.
- Buenos días, tío; ¿Por qué andáis brincando con una pierna?
- Porque si desatase la otra, en dos trancos daría la vuelta al mundo.
- Sube y siéntate a nuestro lado.
El hombre se sentó y siguieron volando. Vuela que vuela, encontraron a un hombre que estaba apuntando su escopeta a un punto que no podían ver.