Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Con esto, aquellos buenos guerreros, aquellos campeones inútiles, emprendieron el viaje, arrastrando los pies y sin saber adónde dirigirse. Oportunamente, Juanito el tonto se levantó y a horcajadas en su bastón, salió al campo descubierto, llamó a su caballo, le entró por una oreja y le salió por la otra y el caballo lo llevó a las tierras de Poniente, hacia la gran isla donde la Serpiente Goruinich guardaba en su establo de hierro, bajo siete cerrojos, bajo siete puertas, el caballo de las crines de oro y de los cascos de diamantes. Después de mucho viajar, subiendo y bajando, avanzando y retrocediendo, Juanito el tonto llegó a la isla, luchó tres días con la Serpiente hasta que la mató; pasó tres días más descerrajando las puertas y derribándolas, cogió el caballo por la crin y emprendió el regreso. Pero a pocas leguas de la ciudad, levantó su tienda con el mástil de plata y se echó a dormir. Y he aquí que sus hermanos volvían por el mismo camino, sin saber qué decir al Zar Gorokh. De pronto uno de ellos notó que la tierra temblaba. Era que el caballo de crines de oro estaba piafando. Miraron a todos lados y vieron una luz como de antorcha encendida a lo lejos. Era la crin del caballo que brillaba como el fuego. Se detuvieron, despertaron a Juanito el tonto y empezaron a regatear por el caballo ofreciéndole por él, cada uno, un saco de piedras preciosas.