Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Pero el jornalero estaba acurrucado en la tolva y pensó: "Nadie puede morir dos veces, pero todos hemos de morir una vez. No sé si podré asustarlos. Lo probaré". Y se puso a gritar con toda la fuerza de sus pulmones:
- ¡Dionisio, ven aquÃ; y tú, Focas, vigila la ventana, y tú, pequeño, no te muevas de ahÃ! ¡Cogedlos, que nadie se escape; nada de piedad con ellos!
Los ladrones, presa del pánico, abandonaron el botÃn y huyeron como alma que lleva el diablo. El jornalero salió de la tolva, cogió todo el botÃn y se volvió a casa más que rico.