Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Pues, Señor, he venido a ver a su Majestad... que no ofendan mis palabras... ¡He venido a ver a su Majestad como casamentera!
- ¿Has perdido el seso, abuela? -gritó el Rey, frunciendo el ceño.
- No, padrecito, no te enojes y dame una contestación. Tú tienes la mercancía: una hijita, una belleza; yo tengo el comprador: un joven, tan listo, tan inteligente, tan entendido en todo negocio, que no podrías encontrar mejor yerno. Dime, por lo tanto, sin rodeos: ¿quieres casar a tu hija con mi hijo?
El Rey la escuchaba en silencio mientras su ceño se oscurecía como la noche, pero pensó: "¿Por qué un rey como yo se ha de encolerizar con una pobre vieja?" Y los ministros se asustaron viendo que se desfruncía el ceño del rey y que éste la miraba sonriendo.