Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La pobre mujer llegó a casa más muerta que viva. Se tambaleaba y la ahogaba el llanto. Cuando vio a Martín empezó a gritarle desde lejos:
- ¿No te dije, hijo mío, que fueras tú mismo? ¡Ahora sí que estamos perdidos sin remedio! -Y le contó lo sucedido.
- Anímate, madre -dijo Martín.- Reza y échate a dormir, que la almohada es buena consejera.
Pero él salió de casa, cambió la sortija de dedo e inmediatamente aparecieron los doce jóvenes.
- ¿Qué quieres de nosotros?
Les dijo lo que el rey exigía de él y los jóvenes contestaron:
- Mañana estarán cumplidos tus deseos.
Al levantarse el rey al día siguiente, le sorprendió ver construido un magnífico palacio que se comunicaba con el suyo por un puente de cristal. Y a cada lado del puente crecían hermosos manzanos en cuyas ramas cantaban aves del paraíso. Y a la derecha del puente, resplandeciendo como el fuego a los rayos del sol se levantaba una catedral con sus altivas cúpulas de oro. Y las campanas de la catedral tocaban arrebatadamente llamando en todas direcciones. El rey hubo de cumplir su palabra. Elevó a su yerno a la más alta jerarquía, le dio a su hija por esposa, y celebró la boda con grandes festejos. El vino corría a torrentes y todos bebieron hasta no poder más.