Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Miz y Jurka se apresuraron a devolver a su amo la sortija prodigiosa y cuando llegaron al torreón, ya Martín estaba a punto de morir de desfallecimiento. El gato trepó inmediatamente hasta la ventana y llamó a su amo:
- ¿Estás vivo, Martín, hijo de la viuda?
- Apenas puedo con mi alma. Hoy es el tercer día que no como.
- Pues, bien, ya se te acabó el sufrir; puedes cantar victoria, porque te traemos la sortija.
Martín estaba loco de alegría, acariciaba el lomo del gato y éste se refregaba contra su amo y murmuraba sus sencillas canciones, mientras, al pie del torreón, Jurka saltaba batiendo la cola y ladrando de alegría y haciendo piruetas como un saltimbanqui.
Martín cogió el anillo y lo cambió de un dedo en otro. Inmediatamente se presentaron los doce jóvenes.
- ¿Qué deseas y qué ordenas?
- Traedme de comer y de beber hasta que no pueda más y que sobre el lecho del torreón toque una música todo el día.
Cuando la gente oyó la música en lo alto del torreón se apresuró a decir al Rey que Martín ya no estaba en su cárcel.