Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Nada necesitamos, ¡oh, Emperador! Pero no olvides a nuestros buenos padres. Atiéndelos en su senectud y dales lo necesario para vivir.
- Si no pedÃs más que eso, id en nombre de Dios. Mandaré conducir a vuestros padres a mi corte y serán mis huéspedes; comerán de lo que yo coma y beberán de lo que yo beba; se vestirán y calzarán de mi guardarropa y los colmaré de atenciones.
Los buenos mozos emprendieron su largo viaje. Uno, dos, tres dÃas anduvieron sin ver otra cosa que el cielo azul sobre sus cabezas y la anchurosa estepa a cada lado. Por fin dejaron la estepa y penetraron en una densa selva, y se regocijaron grandemente. En un claro de la selva hallaron una cabaña diminuta y junto a ella un redil lleno de carneros.
- ¡Vaya! -se dijeron.- Por fin encontramos un lugar donde reclinar la cabeza y descansar de nuestro viaje.
Llamaron a la puerta y nadie contestó; miraron dentro y vieron que no habÃa nadie. Entraron los tres, dispuestos a pasar la noche, rezaron las oraciones y se echaron a dormir. Al dÃa siguiente, Zorka y Polunochka fueron a cazar por el bosque y, dijeron a Vechorka:
- Quédate y prepáranos la comida.