Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Y descansando su revuelta cabeza en las rodillas de su nieta, cerró los ojos en un dulce sueño. La tres veces sabia Elena empezó a jugar con sus cabellos alisándolos, para enroscárselos luego como caracoles con sus finos dedos, mientras murmuraba palabras al oído del viejo, deseándole sueños agradables, y cuando vio que su abuelo, estaba dormido, le arrancó tres hebras de plata de la cabeza. Pero Iván alargó la mano sin ser visto y le arrancó un mechón.
El abuelo se despertó, y mirando a su nieta, dijo en tono soñoliento:
- ¿Te has vuelto loca? ¡Me has hecho un daño horrible!.
- ¡Perdón, abuelito -replicó la tres veces sabia Elena.- Pero hacía tanto tiempo que no te peinaba, que estás muy desgreñado!
Pero el abuelo no oyó las últimas palabras, porque ya roncaba, y entonces la Zarevna le arrancó tres pelos de la barba. Iván, el hijo del comerciante, no quiso ser menos y tirando con fuerza le arrancó un manojo. El viejo del mar se despertó, bramó como un buey y se sumergió en el agua no dejando en la superficie más que espumas.
Al día siguiente, la Zarevna entró en el palacio pensando: "¡Ahora sí que el Zarevitz no se escapa de mis manos!" Y enseñó al Zarevitz los tres cabellos de plata y los tres pelos de oro.