Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Los boyardos, los generales, los campeones se miraron entre sÃ, escondiéndose el uno tras el otro, y ninguno de ellos osó contestar. Entonces, el Zarevitz Iván se inclinó ante su padre y dijo:
- ¡Mi querido padre y emperador! Si nadie se presta a hacerte tan pequeño servicio, dame tu bendición y partiré en busca de mis hermanas, sin que me prometas ningún galardón que me sirva de estÃmulo.
- ¡Perfectamente! -contestó el Zar Umnaya Golova.- Yo te bendigo. Llévate, además de mi bendición, plata, oro y piedras preciosas, y si necesitas soldados, toma cien mil jinetes y cien mil infantes.
- No me hace falta ni plato ni oro, ni jinetes ni infantes, ni el caballo del campeón ni su espada ni su lanza. Me llevaré la melodioso arpa que toca sola y nada más. Y tú, mi Zar soberano, espérame tres años, y si en el transcurso del cuarto no llego, elige mi sucesor.