Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Los marineros siguieron su ruta, empezaron a soplar vientos contrarios y se desencadenó una espantosa tempestad.
- ¡Ah! Bien se ve que no es un hombre como nosotros. Sería mejor que volviésemos a recogerlo a bordo.
Se acercaron a la costa, hicieron subir al hijo del comerciante y lo llevaron a su ciudad natal. Algún tiempo después, que no fue mucho ni poco, el hijo del comerciante cogió el azadón y se fue a la plaza del mercado a ver si alguien lo contrataba. De nuevo volvió a pasar el comerciante único entre setecientos, en su coche de oro, y apenas lo vieron los jornaleros, corrieron en todas direcciones a esconderse en los portales y en las esquinas. Sólo quedó en la plaza el hijo del comerciante.
- ¿Quieres trabajar para mí? -le preguntó el rico comerciante.
- Con mucho gusto. Dame doscientos rublos diarios y trato hecho.
- ¿No es demasiado?
- Si lo encuentras caro busca un jornalero más barato. Ya has visto cómo han echado a correr, al verte, todos los que aquí estaban.
- Bueno, no se hable más; ven mañana al puerto.