Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos - Arréglate como puedas. Noventa y nueve como tú han perecido en esta montaña. ¡Contigo serán cien! -y esto diciendo, se alejó.
- No sé qué hacer -pensó el hijo del comerciante.- Bajar de esta montaña es imposible. Seguramente moriré de hambre.
No podía bajar de la montaña y sobre su cabeza se cernía la bandada de cuervos de acerados picos, oliendo su presa. Reflexionando estaba en su desventura, cuando recordó que la hermosa doncella le había dado en secreto un eslabón y un pedernal, aconsejándole que los utilizase cuando se viese en un apuro. "Tal vez no me lo dijo en vano pensó. - Voy a probar". Sacó el eslabón y el pedernal y al primer golpe que dio se le aparecieron dos mancebos, hermosos como héroes.
- ¿Qué deseas? ¿Qué deseas? -le preguntaron.
- Que me saquéis de la montaña y me llevéis a la orilla del mar.
Apenas había hablado, lo cogieron uno por cada brazo y lo bajaron suavemente de la montaña. El hijo del comerciante caminaba por la orilla, cuando he aquí que una embarcación pasó cerca de la isla.
- ¡Eh, buenos marineros, llevadme con vosotros!
- No, hermano; no podernos recogerte. Eso nos haría perder cien nudos.