Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos El abuelo esperó en vano la vuelta de los nietos y de su mujer, y empezó a murmurar contra ellos, diciendo: "¿Dónde, demonios, estarán? Bien dicen que un hombre nada bueno puede esperar de su costilla". El viejo resolvió ir en persona al plantío de guisantes, y allí encontró a su mujer en tan lastimoso estado, que apenas la conocía; pero de sus nietos no vio ni rastro. El abuelo gritó, cogió a la anciana y poco a poco la arrastró hasta casa. Allí le roció el rostro con agua fría y la reanimó. La abuela abrió los ojos, y contó al marido lo que le había pasado. El abuelo se puso furioso contra Verlioka y gritó:
- ¡Eso pasa de broma! Espera un poco, amigo, y te demostraré que también tenemos brazos. ¡Ten mucho cuidado, Verlioka, y procura que no te retuerza los bigotes! ¡Tú has hecho el mal con tus manos y lo pagarás con tu cabeza!
Y como la abuela no trató de retenerlo, el abuelo cogió su bastón de hierro y salió en busca de Verlioka.
Anda que andarás, anda que andarás, llegó ante un pequeño estanque donde nadaba un pato sin cola, que al ver al abuelo dijo:
- ¡Cuac, cuac, cuac! ¡Dios te conserve la vida cien años, abuelo! ¡Hace mucho tiempo que te esperaba aquí!
- ¡Salud, pato! ¿Por qué me esperabas?