Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos La reina montó en cólera y otra vez intentaron encontrar el camino sin ayuda ajena. Pero aunque esta vez el coche salió en dirección opuesta, al cabo de un rato se hallaron ante la misma columna. Oscurecía y era preciso buscar un refugio donde pasar la noche, de modo que la reina se vio obligada a pagar al caballero su extraño tributo. Bajó de la carroza, se acercó al caballero y mirando modestamente al suelo, le permitió que le diera un beso; sus doce damas de compañía la siguieron e hicieron lo mismo. Inmediatamente desaparecieron columna y caballero y ellas se encontraron en el verdadero camino, mientras una nube como de incienso flotaba sobre la estepa. La reina subió a la carroza con sus damas y continuaron el viaje.
Pero, desde aquel día, la hermosa reina y sus doncellas estuvieron tristes y pensativas, y como el viaje perdió para ellas todo su atractivo, volvieron a la ciudad. Ni en su mismo palacio se sintió feliz la reina, pues siempre se le representaba, como si lo estuviera viendo, el Caballero de la Estepa. Esto disgustó al rey de tal manera, que se mostró desde entonces tétrico y violento.