Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Pasaron días, a los semanas siguieron meses y toda la isla de la Princesa Sudolisu seguía pareciendo un inmenso dormitorio. La gente roncaba en la calles, el valeroso ejército yacía en el campo durmiendo profundamente, oculto bajo la hierba que había crecido y le daba sombra humedeciendo y cubriendo de orín sus armas. Dentro del palacio, todo seguía lo mismo. Las doce damas de honor continuaban inmóviles, y sólo la princesa vivía vigilante en aquel reino de sueño. Paseábase de un lado a otro, suspirando y derramando lágrimas amargas, sin que ningún otro ruido rompiera el silencio; sólo de vez en cuando, Kostey que evitaba su mirada, golpeaba la puerta rogando que no lo rechazase por más tiempo. Le prometía hacer de ella la Reina del Mundo Inferior, pero ella no contestaba.
Sola y contristada, no hacía más que pensar en el príncipe de sus sueños. Veíalo revestido en su armadura de oro y montado en su brioso corcel, mirándola con sus ojos de amor. Así se lo imaginaba día y noche.
Un día se asomó a la ventana y viendo una nube que flotaba sobre el horizonte, gritó:
"Nube blanca y serena,
Peregrina de¡cielo,
Detén tu lento vuelo
y contempla mi pena.
¿Puedes decirme dónde mi amor está
Y si piensa de mi bien o piensa mal?."