Cuentos de hadas Rusos
Cuentos de hadas Rusos Conviene saber que el célebre ogro, Kostey, que vivía bajo tierra, era un gran admirador de la belleza, y un buen día se le ocurrió salir a ver qué hacía la gente sobre la tierra. Con la ayuda de su telescopio podía observar a todos los reyes y reinas, príncipes y princesas, señoras y caballeros, que vivían en este mundo. Mientras estaba mirando, acertó a ver una isla donde había doce doncellas que resplandecían como estrellas, en torno a una princesa que dormía sobre colchones de pluma de cisne y cuya hermosura se destacaba entre la de sus compañeras como la hermosa aurora. Sudolisu soñaba en un caballero que montaba un brioso alazán; sobre su pecho refulgía una coraza de oro y su mano empuñaba una maza invisible. La princesa admiraba en sueños al joven caballero y lo amaba más que a su misma vida. El malvado Kostey la deseaba para él y decidió raptarla. Se abrió camino hasta la superficie de la tierra golpeándola tres veces con la cabeza, pero la princesa reunió su ejército y poniéndose al frente de él, marchó con sus soldados contra el ogro. Pero éste no hizo más que lanzar un resoplido y todos los soldados cayeron en un sueño irresistible. Entonces alargó sus huesudas manos para recoger a la princesa, pero ella le dirigió una mirada de cólera y de desprecio, que lo dejó convertido en un témpano de hielo, y luego se encerró en su palacio. Kostey permaneció helado mucho tiempo y cuando volvió a la vida se lanzó en persecución de la princesa. Al llegar a la ciudad donde ella vivía infundió en todos los habitantes un sueño mágico e hizo a las doce damas de honor objeto de la misma hechicería. No se atrevió a atacar directamente a la princesa porque temía el poder de su mirada y se limitó a cercar el palacio con un muro de hierro, dejando allí como guardián un enorme dragón de doce cabezas. Y así esperó a que lo princesa se le rindiese.