El cantar de los Nibelungos

El cantar de los Nibelungos

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»Por su trabajo le dieron de regalo la espada del rey Nibelungo. Pero se manifestaban muy poco satisfechos de los servicios que les había prestado el buen héroe Sigfrido: no pudieron llegar a un acuerdo; la cólera de ellos estaba muy excitada.

»No pudo llegar a tomar su parte del tesoro, pues los hombres de uno y otro rey comenzaron a armarle querella: pero con la espada de su padre, que se llamaba Balmung, les arrebató a los atrevidos el tesoro y el país de los Nibelungos.

»Tenían allí entre los amigos, doce hombres atrevidos que eran fuertes como gigantes: pero ¿para qué podían servirles? Sigfrido los venció con fuerte mano y cautivó a setecientos guerreros del país de los Nibelungos.

»Con la buena espada que se llamaba Balmung lo hizo. El gran temor que llegó a inspirar a muchos jóvenes guerreros la espada y el atrevido héroe, fueron causa de que se le sometieran los campos y las ciudades.

»Había herido ya mortalmente a los dos ricos reyes; Alberico puso en gran peligro su vida haciendo grandes esfuerzos por vengar a sus señores, hasta que también él mismo experimentó la gran fuerza de Sigfrido.

»El enano vigoroso no pudo resistirlo tampoco. Como fieros leones huyeron a la montaña en la que logró arrebatar a Alberico la Tarnkappa: de este modo, Sigfrido, el hombre terrible, logró hacerse dueño del tesoro.


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