El cantar de los Nibelungos
El cantar de los Nibelungos »Los que se atrevieron a pelear con él quedaron derrotados allí. En seguida hizo conducir y depositar el tesoro al sitio del que lo habían sacado los Nibelungos. El fuerte Alberico quedó de guardia.
»Le hizo prestar juramento de que lo serviría como un fiel vasallo; desde entonces en todo le fue leal.
De esta manera lo contó Hagen de Troneja.
—Esto hizo el héroe; ningún otro guerrero adquirió tanto poderío.
»Me son conocidas también otras grandes aventuras suyas: la mano de ese héroe mató al Dragón y se bañó en su sangre, haciéndose su piel tan dura como el cuerno; muchas veces ha podido notarse, ningún arma le hace mella.
»Debemos recibir de la mejor manera al joven capitán, para que no excitemos la cólera de tan intrépido guerrero. Su cuerpo es tan bello, que cualquiera se siente inclinado a amarlo; su fiereza le ha bastado para realizar tantas hazañas.
El poderoso rey dijo entonces:
—Debes tener razón; ¡mira cómo se mantienen dispuestos para el combate esos guerreros y el atrevido joven lo mismo que los héroes! Nosotros debemos salir al encuentro de tan valiosa espada.