El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Muy agitados resultaban los congresos de la FUBA a principios de los '70. Todo el espectro político efervescía, exceptuando a los pulcros y prolijos liberales. La predominancia de la izquierda era notable pero grupos nacionalistas y peronistas de derecha también se mostraban muy activos. La actividad guerrillera marxista estaba alcanzando ribetes de importancia y preocupación, y parecía inevitable el regreso de un impredecible General Perón.
Revolución cubana, mayo del '68 francés, el Che Guevara, Perón, socialismo, eran par te del cóctel predominante de la época, que pronto se transformaría en cócteles Molotov.
Allí se conocieron. Ella, idealista y fogosa, se encuadraba en la histórica Federación Juvenil Comunista, eterna aliada de Moscú. Él, calculador y lógico, en un sector escindido de Tacuara, que confundía a Mussolini con Fidel Castro, y a la doctrina social de la Iglesia con el socialismo.
Como extremos opuestos, se atrajeron rápidamente. Una mirada, un saludo, un café. Charlas políticas intensas, que pasaban del rechazo a la comunión en cuestión de segundos, volviendo luego a las antípodas. Poco importaba. La atracción era demasiada.
