El carnicero de Sarospatak

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EL CONTACTO

Durante una semana, Guillermo Möller fue otro. Su familia notaba sus cambios, el empleado de Mesa de Entradas no lograba intercambiar bromas futbolísticas, ni sus empleados recibían su cordial saludo matutino. Ni siquiera hablaba con su secretaria.

Ese martes, la eficiente Mónica recibió un llamado de Guillermo Möller, quien llegaba diariamente a su oficina temprano como siempre y solo la abandonaba casi al anochecer, sin salir ni recibir a nadie.

—Mónica, necesito me reserve para mañana al mediodía una mesa en el restaurante del Club Alemán para dos personas. Luego, por favor invite al Coronel para la hora de la reserva. En lo posible la más apartada mesa del lugar, con vista al Río de la Plata. El menú, el de siempre.

—Entendido licenciado Möller. ¿Por el Coronel Ud. se refiere a...?

—Mónica, por favor. Coronel hay uno solo. Necesito sí o sí reunirme con él.

El tono de la respuesta incomodó a Mónica, una mujer de casi 60 años, hija de alemanes, cuya familia era conocida de la suya. De todas maneras, sin dudar, se contactó con la empresa de seguridad «Centurión» y pidió por el Coronel. El apellido Möller permitió rápidamente llegar al mismo.

—Coronel, buenos días, soy Mónica, la secretaria de Herr Möller.


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