El carnicero de Sarospatak

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Luego se desarrolló el consabido juicio por «Crímenes contra la Humanidad». La acusación que pesaba contra Günther Möller fue haber asesinado a doscientos treinta y dos judíos en la ciudad húngara de Sárospatak, solo por su condición racial. Ante tal acusación, Möller no pronunció palabra. Sus abogados israelíes actuaron como se esperaba de ellos, y rápidamente en cuestión de pocos días, le fue leída la sentencia, que consistía en morir en la horca. Cuando le fue dada la palabra antes de la misma, Günther Möller, por primera vez en el juicio, habló. Lo hizo extrañamente en Yiddish mientras miraba fijamente a un nervioso Blumendorf. Más que hablar, cantó. Rápidamente le fue quitado el micrófono y todo siguió su rumbo prefijado de antemano. Se terminó con el plano judicial para pasar a ejecutar la sentencia, la cual tuvo lugar dos días después, un 20 de abril.

Günther Möller tuvo sus razones para no hablar durante el juicio. Previo al mismo, le fueron mostradas decenas de fotos de su hijo Guillermo con una señorita, en las más diversas situaciones, incluso en la intimidad. Se le indicó a Möller que la misma, llamada Lea Rubín, era una agente argentina del Mossad. Möller debería estar callado durante todo el juicio si quería que su hijo no perdiera la vida en manos de su «amante». Y así lo hizo.


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