El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak —Muy buena pregunta. Lo primero que se debe hacer es poner los hechos en contexto, tiempo y espacio, no analice lo que pasó hace más de cuarenta años luego de décadas de propaganda de eso que llaman Holocausto, ¿sÃ? Blumendorf era un joven judÃo que llegó desde Europa oriental, de Besarabia, luego de la Primera Guerra Mundial con una avalancha de gente de su mismo pueblo. La mayorÃa de los mismos era comunistas, no sin razón de serlo. El comunismo, una idea generada y promovida por judÃos, que directamente atacaba las estructuras históricas y culturales de las comunidades en las cuales ellos vivÃan como ciudadanos de segunda, era muy atractivo para ellos. Entre ellos, una minorÃa abrazó las teorÃas de Teodoro Herzl y se hicieron sionistas. Blumendorf era uno de los más activos y capaces. Como le conté, colaboramos activamente hasta casi comenzada la guerra. Pero primero nosotros endurecimos nuestra posición ante los judÃos al mismo tiempo que la diáspora judÃa lo hacÃa con nosotros, lo cual ocasionó que los sionistas tuvieran problemas para justificar ante su comunidad el trabajo que hacÃan con nosotros. Y, comenzada la guerra bueno, ya le conté, nuestros esfuerzos estuvieron concentrados en la misma y aunque a usted le parezca sorprendente, en buscar un status-quo de convivencia con Inglaterra, no querÃamos la guerra con ellos. Nosotros querÃamos marchar hacia el Este. Espacio vital, Lebensraum. Pero Inglaterra estaba profundamente infiltrada en sus esferas gobernantes por varios grupos, como la finanza internacional y grupos judÃos de diversa Ãndole que, sumados a la decisión de los Estados Unidos de entrar en la guerra de cualquier manera, y al poder que ya comenzaban a ejercer sobre Inglaterra, hizo que esa paz que deseábamos fuese imposible y, además, que las relaciones con los judÃos se deterioraran rápidamente. Ahora pensando en si Inglaterra hizo bien, analice. Comenzó la guerra siendo un Imperio, ¡terminó la guerra siendo una isla subordinada a su ex colonia! —dijo Bormann, estallando en una carcajada casi juvenil.