El carnicero de Sarospatak

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—...y aparentemente por lo que me dice se salvaron, como tantos otros. Lea, no la traje aquí para hablar de lo que llaman Holocausto, pero le contaré escuetamente lo que yo sé. Había en la Alemania de aquella época diversas opciones para dar solución a la llamada Cuestión Judía. Algunos apoyaban los planes sionistas para crear el nuevo Israel en la Argentina, lo que aquí algunos amigos llaman el Plan Andinia. Otros, entre los que me encontraba yo, queríamos que volvieran a su lugar de origen, la Palestina ocupada por los ingleses. Por eso apoyé y participé activamente el proyecto Haavara. Seguramente algunos locos querían matarlos a todos, pero eso nunca fue una hipótesis evaluada en las altas esferas, se le digo con franqueza. Pero tampoco nadie veía en la nueva Europa que estábamos creando lugar para ustedes. Por eso comenzó el traslado masivo de judíos a los campos de concentración, que en la mayoría de los casos eran campos de trabajo, trabajo forzado como dirían algunos con razón, complejos industriales para nosotros. En esos campos ya encerrábamos desde antes de la guerra a los delincuentes y a los presos políticos, como ellos mismos se llamaban respectivamente, los verdes y los rojos. A los judíos solo los trasladamos allí con la guerra comenzada. Si lee un libro de historia, verá que por ejemplo en 1938 esto aún no había comenzado, repare en Kristallnacht y razone. Bueno, volviendo al tema del sionismo, algunos de sus dirigentes veían esto al principio con beneplácito, porque de alguna manera podrían forzar a la emigración a la nueva Palestina a una enorme cantidad de judíos europeos que no querían dejar Europa, ¿me comprende? Una cosa es vivir en París o Praga, y otra muy distinta es hacerlo en una aldea en el desierto. Nuestro traslado e internación forzosa generaron inconscientemente el odio hacia Europa. Tenerlos a todos juntos, les facilitaba a ellos el traslado al nuevo Israel. Pero todo eso no anduvo y a nosotros nos generó graves problemas. Tener que trasladar y mantener y alimentar y vigilar a cientos de miles de personas nos generó una carga enorme durante toda la guerra. Al final de la misma, imagínese que en las ciudades alemanas fuertemente bombardeadas ya casi no se comía, ¡ni siquiera nosotros en el Bunker del Führer teníamos la alimentación adecuada!, imagínese en esos campos. El resultado son esas imágenes horrorosas de gente famélica que se pueden ver en fotografías. La tasa de mortalidad de los campos en los últimos días de la guerra fue altísima. No crea por favor en cámaras de gas o esas patrañas. Hay formas más sencillas de eliminar gente. Pero nunca lo quisimos hacer. Puede ser que en algún campo algún guardia o mismo un jefe de un campo lo hiciera al final de la guerra, pero como hecho aislado y personal, no como parte de una política estatal. Ahora bien, si los campos de concentración le parecen algo terrible, le comento que tanto los Estados Unidos como los soviéticos usaron la misma metodología durante la guerra pero, como los mismos no estaban destinados a los judíos, pareciera que los mismos no hubiesen existido. Ni le cuento de los campos de concentración para alemanes que tuvieron en la posguerra, rusos, checos y polacos. Pues bien, volvamos a Blumendorf. Él fue parte de todo esto, hasta que se distanció de nosotros por los motivos que le comenté y se fue a Moscú. Allí le perdimos el rastro hasta que reapareció en los Juicios de Núremberg con algunas incriminaciones inverosímiles, para luego, habiéndose establecido en Londres, erigirse como el Cazador de Nazis. Y aquí cambia la historia de Jochim, usted se preguntará por qué. En la postguerra o quizás un poco antes, se le despertó a Blumendorf ese espíritu digamos mercantil que tan bien caracteriza a los judíos. Lea, espero no se ofenda por este comentario pero esto es así. Por eso, viendo que en Europa del este estaba por caer el Telón de Acero y habiendo sido testigo de las terribles atrocidades que los rusos habían cometido en la invasión de Europa, decidió que Inglaterra podría ser un buen lugar. Asimismo, de la mano de Stalin, la cúpula soviética tendía a rusificarse aún más, ¿me entiende? O sea, tuvo miedo y no veía que en la Unión Soviética fuese a reconocer monetariamente su trabajo. Pero fundamentalmente, el travieso Jochim tenía que lograr otra cosa para hacer prosperar su negocio en Occidente: limpiar su pasado. Un cazador de nazis con vínculos con los nazis no era viable, ¿le cierra el tema Lea?


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