El carnicero de Sarospatak
El carnicero de Sarospatak Ahora la que esbozó una sonrisa fue Lea. Extrajo de un sobre unos papeles tipiados a máquina y los arrojó suavemente sobre la mesa delante de Sergio y le dijo:
—Sergito, andá consiguiendo la plata porque la nota ya la tenemos...
Sergio leyó y no leyó. Creyó y no creyó. Dudó y no dudó. Se recostaba en la silla con el escrito en la mano, se paraba, caminaba por la pequeña oficina, se acomodaba el pelo, y una y otra vez le preguntaba a Lea como habÃa conseguido la entrevista.
—Sergio, ¿qué importa eso? Lo importante es que tenemos la nota, tenés tu nota y yo mi reportaje, el reportaje de mi vida. Y si te digo como conseguà la entrevista, esa misma vida peligra.
—Sà Lea, pero mÃnimamente tenemos que validar que el tipo que vos entrevistaste sea Bormann, sino vamos a quedar como los boludos de la colectividad. Esperá que lo llamó a Ari.