El libro de las mil noches y una noche. Tomo I
El libro de las mil noches y una noche. Tomo I Y alzando la frente al cielo, exclamó: «¡Alah! ¡Tú sabes que yo no echo la red mas que cuatro veces por día, y ya van tres!» Después invocó nuevamente el nombre de Alah y lanzó la red, aguardando que tocase al fondo. Esta vez, á pesar de todos sus esfuerzos, tampoco conseguía sacarla, pues á cada tirón se enganchaba más en las rocas del fondo. Entonces dijo: «¡No hay fuerza ni poder mas que en Alah!» Se desnudó, metiéndose en el agua y maniobrando en torno de la red, hasta que la desprendió y la llevó á tierra. Al abrirla encontró un enorme jarrón de cobre dorado, lleno é intacto. La boca estaba cerrada con un plomo que ostentaba el sello de nuestro señor Soleimán[22], hijo de Daud. El pescador se puso muy alegre al verlo, y se dijo: «He aquí un objeto que venderé en el zoco[23] de los caldereros, porque bien vale sus diez dinares de oro.» Intentó mover el jarrón, pero hallándolo muy pesado, se dijo para sí: «Tengo que abrirlo sin remedio; meteré en el saco lo que contenga y luego lo venderé en el zoco de los caldereros.» Sacó el cuchillo y empezó á maniobrar, hasta que levantó el plomo. Entonces sacudió el jarrón, queriendo inclinarlo para verter el contenido en el suelo. Pero nada salió del vaso, aparte de una humareda que subió hasta lo azul del cielo y se extendió por la superficie de la tierra. Y el pescador no volvía de su asombro. Una vez que hubo salido todo el humo, comenzó á condensarse en torbellinos, y al fin se convirtió en un efrit cuya frente llegaba á las nubes, mientras sus pies se hundían en el polvo. La cabeza del efrit era como una cúpula; sus manos semejaban rastrillos; sus piernas eran mástiles; su boca, una caverna; sus dientes, piedras; su nariz, una alcarraza; sus ojos, dos antorchas, y su cabellera aparecía revuelta y empolvada. Al ver á este efrit, el pescador quedó mudo de espanto, temblándole las carnes, encajados los dientes, la boca seca, y los ojos se le cegaron á la luz.