Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por Dios —le dice Héctor— no obtendréis compasión si no me prometéis como caballero, con la mano desnuda, que haréis todo lo que yo desee.
Asà se lo promete. Héctor se levanta, y toda la gente le rodea. Le pregunta a Persidés si toda esa gente es suya, y él le responde que sÃ.
—¿Debo preocuparme por ellos?
—No, señor. Todos han jurado que el caballero que combata conmigo no debe guardarse sino de mÃ, pues de otro modo no podrÃa durar la costumbre que yo habÃa implantado en esta tierra, porque los caballeros dejarÃan de venir si no se encontraran a salvo.
—Por la promesa que me habéis hecho —le dice delante de toda su gente—, os afirmo que vuestra mujer es más hermosa dama que vos buen caballero.
Persidés se lo concede.
—Además, os ordeno que de hoy en tres dÃas vayáis a la corte del rey Arturo y le digáis a mi señora la reina que os envÃo a su prisión; llevaos a vuestra mujer, y contadle a la reina cuánto tiempo y cómo la habéis tenido prisionera; no ocultéis nada. Preguntad por una doncella, que es mi amiga: saludadla de mi parte y decidle que estoy sano y salvo, pero que no he logrado nada de lo que voy buscando.
—Señor, ¿cómo os llamáis?
—Me llamo Héctor. ¿Y vos?
—Señor, me llaman Persidés.