Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora —dice el monje—, no sufráis por vuestros hijos, pues Nuestro Señor todo lo puede y los puede mantener salvos, igual que lo ha hecho con vuestro sobrino que, según pensabais vos y vuestros amigos, estaba muerto; yo sé que vuestros hijos están sanos. En medio de vuestras tristezas debéis reconfortaros por estar juntas bajo la custodia de Nuestro Señor, después de haber pasado por tantas desgracias y traiciones. Alegraos mutuamente y mostrad juntas el gozo por los bienes que tenéis ahora; pensad en la gran riqueza que no tendrá fin, pues ya habéis tenido suficientes riquezas terrenales y bien os podéis dar cuenta de qué poco valen; Nuestro Señor no os olvidará, pues es piadoso y tiene más misericordia que la que cualquier lengua podrÃa contar. Se compadecerá de vosotras y os sacará del dolor en el que estáis sumergidas, dándoos gozo eterno; yo, por mi parte, que soy hombre mortal y pecador, he sentido tal compasión por vosotras que no estaré a gusto —Dios lo sabe— si no es oyendo el servicio divino, hasta que haya ido a la corte del rey Arturo y haya presentado vuestra queja porque os han quitado las tierras, y haya expresado la gran vergüenza que deben sentir el rey y toda la corte por ello; y no hay lugar en todo el mundo en el que no me atreviera a decirlo, por muchos nobles ricos y hombres sabios que haya. Sé también que el rey Arturo ha tenido tanto que hacer hasta ahora que no debe extrañar si ha abandonado un poco vuestro asunto, pues muchos de sus nobles le han hecho la guerra deseando que se fuera desterrado, y quizás no le han llegado noticias de lo que ocurrÃa en vuestras tierras, y en ese caso no se le podrÃa reprochar nada.