Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago El venerable monje se marcha inmediatamente después, tras haber encomendado a Dios, primero a las dos reinas y, luego, a las otras damas. Cabalgó sin detenerse, con largas jornadas, hasta que llegó a Gran Bretaña; allí encuentra al rey Arturo en Londres con mucha de su gente.
Era la primera semana de septiembre —según cuenta la historia— cuando el rey volvió de Escocia, de combatir contra su propio primo, el rey Aguisant, que se enfrentó con él por tres feudos: acordaron una paz buena y segura para ambas partes. El rey Arturo había conseguido treguas hasta pascua del rey de Más Allá de las Marcas, y había regresado con su hueste a descansar a la tierra que le era más agradable, y con él iba una gran multitud de caballeros.
Según cuenta la historia, aquel día era domingo. El rey Arturo se había sentado a comer rodeado por gentes de costumbres muy diversas y de tierras lejanas. El monje que llegaba de Benoic entró en la sala y, a grandes zancadas, se acercó al estrado en el que estaban el rey y muchos de sus nobles. Echó hacia atrás la capucha; su aspecto era el de una persona valiente, honrada y de santa vida; tenía lengua fácil y hablaba con dignidad; su rostro era firme. Entonces, empieza a expresar sus quejas en voz alta, para ser oído sin dificultad: