Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Lanzarote oye que echa de menos sus hazañas, su modo de justar y de golpear, se pone en pie y va al extremo de la habitación a coger el escudo que la doncella del Lago le había llevado a la reina. Alarga las manos, lo toma, se pone el tiracol al cuello y las abrazaderas en el brazo; había una lanza en un armero, viejo y ahumado: corre hacia allí, la toma y, a continuación, se dirige a una columna de piedra y la golpea con la lanza con tanta fuerza, que el hierro vuela en pedazos. Después, se encuentra tan cansado que apenas se puede sostener en pie, cae y se desmaya. Al volver en sí, pregunta que dónde está, a lo que le responden que en casa del rey Arturo y de la reina Ginebra. Cuando oye estas palabras, se vuelve a desmayar; al recobrar el sentido, la reina le pregunta que cómo se encuentra, y él pregunta dónde están su señor y mi señor Galván; le responden que en la Roca, prisioneros.
—¡Ay, Dios! —exclama—, ¿por qué no estoy yo? habría sido mejor que yo hubiera muerto con ellos, antes que estar aquí, pues no está mi dama.
Entonces se da cuenta la reina de que está otra vez en su sano juicio, lo toma entre los brazos con mucha dulzura, y dice:
—Mi dulce amigo, estoy aquí.
Abre los ojos al punto, la reconoce y exclama:
—Señora, ya puede ocurrir lo que sea, pues vos estáis aquí conmigo.