Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Se levantó entonces Hervis de Rivel, que presidÃa la mesa de los suyos, pues el rey Arturo tenÃa en su corte caballeros de todas las edades, viejos y jóvenes bachilleres. Cuando Hervis reconoció al anciano monje, tuvo una gran alegrÃa y le hizo grandes honores, pues con dulzura lo abrazó y lo besó muchas veces; después, lo tomó por la mano izquierda y, llevándolo ante el rey, dijo:
—Señor, creed todo cuanto os diga, pues sus palabras las deben recordar reyes y prÃncipes. Sabed que su corazón fue tan valeroso que Dios no hizo a ningún caballero contra el que yo no lo dejara enfrentarse confiando en él en caso de necesidad para mantener mi honor y para tener a salvo mi cabeza.
—¿Cómo? —pregunta el rey—, ¿quién es?
—Señor —contesta Hervis—, es AdragaÃn el Bruno, hermano de Mador el Negro, el buen caballero de la Isla Negra. En aquel tiempo vivÃa el rey Urién, que honró mucho a este hombre por amor a su hermano Mador, pues ambos habÃan sido compañeros de armas durante largo tiempo.
Al reconocerlo, le mostraron todos una alegrÃa enorme y le hicieron grandes honores, tanto que nadie podrÃa contarlo. El mismo rey Arturo lo habÃa visto muchas veces, hacÃa mucho; lo honró como sabÃa y Beduir se quedó preocupado por lo que habÃa dicho, pero el rey le pidió que siguiera: