Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Pero la historia deja aquí de hablar de sus virtudes y vuelve a contar cómo se iban Galahot, Lanzarote y cuatro escuderos, sin llevar más compañía. Cabalgan tristes y pensativos, pues los dos están muy apesadumbrados: Galahot porque teme perder a su compañero por culpa del rey, que lo ha hecho de su mesnada; Lanzarote, por su dama, de la que se está alejando, y por el sufrimiento que está padeciendo su amigo por su culpa. Y están tan afligidos los dos, que pierden las ganas de beber y de comer: se ocupan sólo de pensar, de modo que va a menos su belleza y su fuerza. Es tal el respeto que tienen por su fiel amistad, que ninguno de los dos se atreve a dirigirle la palabra al otro, para evitar que se sienta a disgusto, como si hubieran hecho algo malo hacia el amigo.
Ningún sufrimiento es comparable al que padece Galahot, que había puesto en el amor a Lanzarote todo lo que se puede poner: corazón, cuerpo y honra, que es lo que más vale. Tenía en él su cuerpo hasta el punto que preferiría morir él mismo a que muriera Lanzarote; le había entregado el corazón de tal modo que no tenía alegrías si no estaba él. Por él pidió piedad al rey Arturo, a pesar de que lo tenía vencido y a punto de quitarle sus posesiones.