Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Mi dulce compañero, mi corazón no siente miedo por lo que pueda llegar, si no es por dos cosas: por vos y por mÃ, y tanto sentirÃa la desgracia del uno como del otro; mi amor es tal que después de vuestra muerte no desearÃa que Dios me dejara vivir un solo dÃa. Temo perderos en algún momento y que seamos separados por la muerte o por cualquier otra desgracia. Tened por seguro que si mi señora la reina tuviera el corazón tan inclinado hacia mà como yo lo tengo hacia ella, no me privarÃa de vuestra compañÃa para dársela a otro, aunque yo no hubiera hecho más por ella que haber procurado su voluntad y vuestra alegrÃa. Sin embargo, no debo recriminarle nada si quiere que su corazón esté más a gusto que el corazón de los demás: en cierta ocasión me dijo que no se podÃa mostrar gran generosidad con algo de lo que uno no pudiera privarse. Ahora me doy cuenta: quiero que sepáis que en el momento que yo pierda vuestra compañÃa, el mundo perderá la mÃa.
—En verdad, señor —responde Lanzarote—, si Dios quiere, la compañÃa de nosotros dos nos quedará rota, pues vos habéis hecho tanto por mà que yo no me atreverÃa a hacer nada que fuera en contra vuestra; me hice de la mesnada del rey Arturo sólo por cumplir vuestra voluntad, y sobre todo la de mi señora, pues nunca en mi vida lo hubiera hecho por propia voluntad.