Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Bandemagus fue coronado, el rey Urián abandonó el siglo e ingresó en una ermita lejos de su tierra. El rey Bandemagus se hizo hombre fiero y de comportamiento orgulloso; tomó consejo de cómo podría repoblar la tierra y pensó que lo haría con la gente de Uterpandragón, que fue el que la había destruido: en la parte de sus dominios que limitaban con el reino de Bretaña ordenó que construyeran dos puentes estrechos, al cabo de cada uno de los cuales colocó una torre alta y redonda; estas torres eran guardadas por caballeros y servidores que el rey colocó allí, y tan pronto como un caballero, una dama o una doncella pasaban camino de Bretaña, eran apresados y tenían que jurar sobre los Santos Evangelios que nunca volverían a salir hasta que un caballero conquistara las torres con sus propias hazañas. De este modo quedaron muchas gentes de Bretaña en el reino de Gorre desterrados y destinados a la servidumbre. Cuando el rey Arturo llegó a dominar su tierra, después de la muerte de Uterpandragón, y cuando ya deseaba mejorarla, se tuvo que enfrentar a numerosas guerras, de forma que no pudo ocuparse de este asunto. Cuando empezaron las aventuras, la tierra de Gorre ya estaba poblada y sus habitantes habían aumentado mucho con los desterrados de Bretaña. Entonces, el rey Bandemagus ordenó que destruyeran los dos puentes que había ordenado construir, e hizo levantar otros dos puentes extraordinarios, pues uno era de madera y tenía tres pies de ancho e iba de una orilla a otra entre dos aguas de forma que había tanta agua por encima como por debajo. El otro puente era bastante más maravilloso, pues estaba hecho con una lámina de acero semejante a una espada y era tan brillante y tenía tanto filo como la que más; esta hoja sólo tenía un pie de ancho y estaba sujeta en las dos orillas a un gran tronco, protegida por todas partes, de forma que la lluvia no la alcanzaba.