Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Señora, ya que estáis de acuerdo, lo haré. Pienso ir en persona a la corte del rey Arturo y le pediré ayuda. Él tendrá más compasión asà que si yo no estoy, pues me verá delante, mientras que si le envÃo un mensajero no me servirÃa de nada, pues el mejor modo para que se crean las malas noticias es llevarlas uno mismo. Preparaos ahora, pues vendréis conmigo, y no nos acompañará nadie más, sino vuestro hijo y un escudero que nos servirá en lo que necesitemos: quiero que el rey Arturo se compadezca de nosotros cuando nos vea; nos pondremos en marcha esta misma noche. Procurad coger todas las riquezas que podáis, tanto en joyas como en vajilla; metedlo todo en grandes cofres, pues no sé qué pasará con el castillo antes de mi regreso, y por nada desearÃa que os quedarais desamparada; no es que tema que consigan tomar el castillo con la fuerza, pero nadie puede evitar la traición. La reina se prepara siguiendo las instrucciones del rey; cuando ya está dispuesta, el rey le dice que procure que no falte de nada en su rocÃn, pues tendrán que cabalgar esa misma noche. El criado, que querÃa mucho a su señor, cumple las órdenes de inmediato, y apresta un animal grande, fuerte y rápido. Entre tanto, el rey fue a ver al senescal y le reveló sus intenciones de ir a la corte del rey Arturo, «y confÃo más en vos que en nadie, pues siempre os he amado: os encomiendo que guardéis el castillo, como si fuera el corazón de mi vientre. Mañana le diréis a Claudás que he enviado a buscar a mi señor el rey Arturo; aseguradle que, si no soy socorrido antes de cuarenta dÃas por el rey Arturo, le entregaré el castillo tal como él desea. Pero procurad que no se entere de que me he ido, pues poco le importarÃa la posesión del castillo si no estoy yo en él».