Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Cuando Lanzarote dejó a Melián, cabalgó por el camino que le había indicado y durante todo el día siguió las huellas de mi señor Yvaín, de forma que cabalga hasta llegar a la bajada de la colina que daba a la llanura en la que mi señor Yvaín estaba combatiendo en gran desigualdad, pero no ve el combate hasta que llega al fondo del valle. Se dirige hacia el pabellón pequeño que parece ser muy hermoso y muy rico y ve al caballero que está atado en el palo y, a la vez, distingue bajo la encina a mi señor Yvaín, que se defiende con valentía; lo reconoce sin dificultad por el escudo que llevaba. Pica espuelas al caballo, haciendo que por los dos costados le brote sangre; se dirige hacia donde los ve: se coloca bajo la axila la lanza de asta recta y punta cortante. Al acercarse, ve al caballero que ayuda a mi señor Yvaín todo lo que puede: se da cuenta de que preferiría su provecho a su daño. Se mete entre ellos, tan rápido como su caballo le lleva, y golpea al primero que encuentra, después de haberles gritado: no lo alcanzó por detrás, sino por delante, de forma que no pudieron protegerle ni el escudo ni la cota, y le mete en el cuerpo la punta y el asta, derribándolo muerto al prado. Luego, sigue; deja la lanza en el cuerpo y desenvaina la espada que corta con suavidad; regresa veloz al combate y da grandes golpes, pesados, a los caballeros que encuentra en su camino; les corta los yelmos y las cofias, y hace que grandes pedazos de sus escudos vuelen al suelo, rompiéndoles con frecuencia las mallas de las blancas cotas, de modo que se les resienten los flancos y los hombros; actúa con gran rapidez y da tan duros golpes que en poco tiempo los ha dejado en mala situación: mucho le temen los más atrevidos y no hay ninguno tan fuerte como para esperar sus golpes, por el gran miedo que sienten ante su espada que corta, ella sola, más que las de todos los demás.