Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Los dos dragones le han herido gravemente, pero no se queda sin defenderse, sino que les da enormes tajos con la espada en la cabeza y en las orejas. Por más golpes que les dan, no aprecia ningún daño en ellos; y se ha esforzado tanto que por fin escapa y corre lo más deprisa que puede. Al ver que se les ha ido, regresan a su sitio y se lamen la sangre que les había provocado; con la cresta bajada vuelven a tumbarse en su lugar. El duque desciende asustado, presta atención y apaga el fuego que le habían producido en el cuerpo. Llega después a la otra puerta; cuando la pasa se da cuenta de que ha llegado a un río grande, caudaloso y ruidoso: se queda sorprendido y se dice a sí mismo: «Gracias a Dios, no pensaba, ni parecía, que en este valle hubiera un río semejante». Lo mira y ve que encima del agua hay una tabla estrecha y larga; se da cuenta de que por allí tiene que pasar, pues no hay otro lugar de paso. La teme mucho pues es mala, pero a pesar de todo dice que pasará.