Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván lo mira y reconoce a mi señor Yvaín, su primo y le echa los brazos al cuello, a pesar de lo mal que estaba. Mi señor Yvaín le pregunta si está herido, y él le responde que sí, por dentro del cuerpo. «¡Ciertamente —exclama mi señor Yvaín—, si hubiera sabido que erais vos, el caballero no se me hubiera escapado así!». Ayuda a montar a mi señor Galván y reemprenden el camino que éste llevaba, cabalgando hasta el atardecer, en que encuentran a un vasallo que iba atravesando el bosque, y que les ruega con afecto que se hospeden en su casa, cosa que le agradecen los dos. Con el vasallo había un escudero que cargaba con un gamo y dos liebres y que llevaba atados un par de lebreles. El vasallo le ordena que se adelante y que prepare el albergue y la comida; el escudero así lo hace. Mientras, el señor se queda con sus huéspedes, con los que cabalga sin detenerse hasta que llegaron, bien entrada la tarde, a su alojamiento donde fueron servidos con gran riqueza. Mi señor Galván permaneció allí hasta que estuvo completamente restablecido y mi señor Yvaín se quedó con él, que no quiso dejarlo en ningún momento. Cuando ya se encontraba bien curado se marcharon los dos juntos y no volvieron a separarse.