Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Pican espuelas tras él; mi señor Yvaín recoge el escudo que había arrojado al suelo el caballero y dice que no quedará en el camino escudo de hombre tan valiente, ocurra lo que ocurra. Lo siguen hasta que llega al bosque; entonces, miran a ver qué hará, y ven que descabalga, se quita el yelmo y ata el caballo, lamentándose lo más que puede; se llama «mal cobarde» y maldice la hora en que nació y lo mucho que vive. Después de lamentarse de tal modo, se desmaya y cae al suelo. Se le acercan al galope y descubren que es Lanzarote; lo tienen en brazos hasta que vuelve en sí. Mi señor Galván se ha quitado el yelmo y, cuando lo ve Lanzarote siente gran vergüenza, a pesar de que lo consuelan los dos, diciéndole: «Señor, os estamos buscando desde hace mucho tiempo, pues en la corte se dijo que no volveríais a ser visto por nadie que os conociera». Y no le dicen el resto. Lanzarote les responde que no entrará en la corte por ahora, «y no me lo roguéis, porque no podrá ser; dejadme y decid a los que creáis que se van a alegrar al saberlo, que estoy sano y salvo en mi cuerpo y en mis miembros».
Cuando mi señor Galván ve que de nada servirán las súplicas, le dice:
—Dulce amigo, por la cosa que más hayáis amado en vuestra vida, contadme, si puede ser por qué os habéis lamentado de ese modo.