Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mi señor Galván mira y ve a un caballero que llega con rapidez; tan pronto como se mete entre los combatientes, no pueden resistirlo los de su lado y escapan; pero cuando el caballero se retira, son los suyos los que llevan la mejor parte. Después de combatir durante un rato, al ver que los suyos se dan por vencidos, se marcha y los deja solos. Al cabo, cuando ve que los suyos llevan la mejor parte, entra de nuevo en el combate: así lo ha hecho cinco o seis veces ante sus ojos. Entonces, los dos compañeros se dirigen al torneo y realizan tantas proezas que todos se quedan sorprendidos. Al ver esto el caballero bueno, siente tal dolor que poco falta para que pierda el juicio, deja de combatir y se retira al bosque, envaina la espada y arroja el escudo, y se aleja golpeándose los puños, llorando y gritando con fuerza, que de muy lejos se le puede oír. Mi señor Galván se da cuenta de esto y le pregunta a mi señor Yvaín:
—Bello primo, ¿sabéis quién es ese caballero?
Le responde que no lo conoce.
—Así me ayude Dios —exclama mi señor Galván—, no creeré a nadie si no es Lanzarote.