Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Farién escucha a Claudás, que se le está entregando sin condiciones y entonces siente una gran compasión por él: piensa y cree que no tiene ninguna culpa de la muerte de los dos niños y que bien se los pudo llevar la doncella; comienza a pensar cómo hacer con Claudás y el pueblo para que cumplan su voluntad; sabe, además, que si toma a Claudás bajo su protección y se lo lleva, no podrá defenderlo de su sobrino Lambegue, que tanto odio le tiene, ni de la gente de Gaunes y de Benoic que no lo quieren y teme que lo maten ante sus propios ojos. Considera a Claudás tan noble, tan valiente y tan esforzado, que desea aceptarlo como prisionero, cosa que Claudás no tolerarÃa fácilmente, pues no consentirÃa ser tenido por cobarde o por miedoso y sobre todo en aquel preciso momento en que aún no estaba en una inferioridad tan manifiesta como para llevar a cabo una acción asà de despreciable y vergonzosa. No lo harÃa si no fuera por amor a Farién y por la confianza que tenÃa en él, pues sin duda muchas gentes se lo censurarÃan como cobardÃa, y no lo verÃan como acto de buena voluntad. Farién, por su parte, está seguro de que si se le entregaba como prisionero, y morÃa por su mala custodia, se lo recriminarÃan el resto de sus dÃas y sabe que no podrá tenerlo en sitio seguro: asà está que no sabe qué hacer y medita en su corazón durante mucho tiempo. Al fin, dice: