Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Combaten durante largo rato de tal forma, y si uno es rápido, el otro lo es más; ambos han perdido bastante sangre: les falta el aliento y los brazos se les hacen cada vez más pesados. Meleagant ha sangrado en abundancia, y el calor que hacÃa le resultaba más agobiante, debilitándolo mucho a pesar de la fuerza que tenÃa, tanto que empezó a perder terreno. Lanzarote lo llevaba según su gusto. El calor era grande; la reina se retira el velo delante del rostro y Lanzarote la puede ver al descubierto, pues tenÃa siempre sus ojos puestos en ella. Se quedó tan sorprendido que poco faltó para que la espada le volara de la mano; no hace más que mirarla y se olvida del combate y pierde todo lo que habÃa conseguido: los presentes se preguntan admirados y él no parece sino que va de mal en peor, mientras Meleagant le da grandes golpes donde puede alcanzarle, hiriéndole en muchos lugares. Entonces, la reina le dice a Bandemagus:
—Señor, he olvidado preguntaros una cosa; si era ese Lanzarote.
—Señora, sÃ, sin lugar a dudas.
—Ciertamente —dice Keu el senescal—, es una gran lástima que sea él, pues le servirÃa de mayor honor el estar muerto, tal como se pensaba.