Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Lanzarote empieza entonces a derribar caballeros y a romper lanzas; le ataca un caballero que golpeaba con gran fuerza, llamado Godez de Más Allá de las Marcas. Lanzarote se enfrenta con él lo golpea y los derriba en un montón a él y a su caballo; realiza tales hazañas que todos se quedan sorprendidos y ha combatido tanto que ya sólo le queda una lanza; la toma y ve que viene hacia él un caballero que era senescal del rey Claudás de la Tierra Desierta, y se golpean. El senescal hace volar su lanza en pedazos y Lanzarote lo alcanza bajo la garganta de forma que la punta se le cuela por el cuello y lo lleva al suelo a la distancia de la lanza: se desmaya y toda la tierra se cubre de sangre; todos gritan «¡Ha muerto! ¡Ha muerto!». Cuando Lanzarote lo oye, le pesa mucho, arroja la lanza y dice que se marcha; le pregunta a su escudero que quién es el herido y si morirá, a lo que le responde que es el senescal del rey Claudás y que ya está muerto, pues tiene la garganta cortada. Lanzarote responde entonces que Dios le ha vengado sin que él lo supiera; saca la espada, como quien sabe utilizarla con habilidad y da grandes golpes a diestro y siniestro, derribando caballos y caballeros con los tajos de la espada y con los puños, cortando cofias y trozos de escudo, arrancando yelmos de las cabezas, hiriendo, tirando, empujando y golpeando con los miembros y con el caballo como quien está dispuesto a hacer todo cuanto cualquier buen caballero debe emprender. Los que participan en la asamblea están sorprendidos y realmente piensan que no puede ser más que Lanzarote; mi señor Galván se admira y va a decírselo a la reina. Pero ésta ya lo sabía, pues muchas veces lo había visto hacer cosas semejantes: está muy contenta, pero piensa engañar a mi señor Galván y a todos los demás. Llama a una doncella suya, pues no se atrevía a confiar en nadie, ni a descubrir su pensamiento: la dama de Malohaut estaba enferma en su tierra con el mal de la muerte y la reina no tenía a quién decirle su pensamiento; se dirige a la doncella: