Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago De este modo los vencidos se recuperan de su pérdida, pues encuentran en él gran socorro y gran ayuda; él se esfuerza tanto que no hay caballero al que alcance que no lo derribe. Hace caer a los caballeros y caballos con los golpes de la lanza o con la espada, arrancando los yelmos o golpeando con su propio cuerpo o con el del caballo. Realiza tales maravillas que todos cuantos lo ven se espantan. Cuando llega a un combate con la espada en la mano, con frecuencia no encuentra en dónde golpear, pues nadie se atreve a esperar su tajo, y no debe sorprender, pues al que alcanza con un buen golpe, nada puede protegerle, ni madera, ni hierro, ni ninguna arma.
Lanzarote lo hace de este modo tan admirable que todos los que están frente a él no pueden resistir, y huyen tan rápidamente como sus caballos van. Cuando los dos compañeros, que lo habían hecho tan bien durante todo el día, ven que su gente huye, vuelven a entrar en el combate; Lanzarote, que los ve venir y los reconoce, no se vuelve hacia ellos: como está apesadumbrado, si los alcanzara —según le parece—, seguro que los heriría o los dejaría en mal estado, y no quiere hacerlo por las grandes hazañas que había visto que realizaban.