Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago Mucho tiempo dura el ataque y la defensa; son abundantes los muertos y los heridos entre los de Gaunes y los de la región, pues Claudás y su gente se defienden con valor, pues saben actuar de forma adecuada en los momentos de necesidad. Mientras que se mantiene asà el combate, encarnizado y adverso para los de la propia tierra, Claudás piensa cómo hacerles un daño mayor, y ordena que arrojen fuego en la calle. El viento soplaba hacia ellos con fuerza: el fuego encontró al pueblo amontonado y obliga a abandonar el lugar a los más valerosos, que tienen que huir a la ciudadela para estar a salvo, y aun asÃ, hubo muchos que ardieron. El fuego causó gran daño a los de la tierra, pues no podÃan dedicarse a apagarlo por miedo a las gentes de Claudás, y bastante tenÃan ocupándose de sà mismos. Claudás los ataca dentro mismo de la fortaleza, pero tan pronto como el fuego cesó un poco, que no pudo trepar por la muralla, ni alcanzar a las casas fortificadas que eran abundantes en la ciudad, salieron de nuevo a la ciudadela y dividieron a las gentes en dos cuerpos: uno, salió fuera para coger por sorpresa a Claudás, pues el palacio estaba fuera de la ciudad, en el prado junto al rÃo. Este cuerpo se encontró con la gente de Claudás que se defendieron y resistieron con energÃa; el segundo cuerpo se quedó dentro y atacó a las gentes de Claudás que estaban en la calle, pero no las encontraron descuidadas, antes bien, estaban todos preparados, vigilando el paso. Claudás iba de un combate al otro picando espuelas, dispuesto a vencer. Cuando se iba de un sitio, Farién ocupaba su lugar, pero no daba golpes ni con la lanza, ni con la espada, ni con ninguna otra arma, y no hirió a ningún caballero, ni a ningún burgués, pues querÃa poner paz entre todos y bien sabÃa que Claudás no tenÃa gente suficiente para resistir mucho tiempo a los de la ciudad y de la región; Farién estaba seguro de que pronto necesitarÃa de toda su habilidad para calmar a los del reino de Gaunes y Benoic, porque se habÃa puesto en contra de ellos y temÃa que lo trataran de forma humillante si querÃa salvar a Claudás, y no olvidaba que a ellos también les debÃa fidelidad.