Historia de Lanzarote del Lago
Historia de Lanzarote del Lago —Por Dios, no hay en ello ni deslealtad, ni felonÃa, pues vosotros habéis desoÃdo mi consejo, y ya que no deseáis creerme, parece que sospecháis de mà y que receláis. Además, el rey Claudás es señor mÃo, con razón o sin ella. Pero no le falta la razón y tengo que mantener el juramento que le hice y no puedo abandonarlo cuando más me necesita, y no harÃa tal cosa ni aunque acabara de causarme un grave perjuicio; y vosotros no tenéis ninguna razón al actuar como lo hacéis y mucho menos cuando él estaba dispuesto a entregarse como prisionero mÃo. Yo os ofrecà esa posibilidad y vosotros no quisisteis escuchar nada de lo que os decÃa; no me parece haber hecho nada malo volviéndome hacia alguien que confÃa y cree más en mà que en ningún otro hombre, y mientras yo desee ayudarle no seré vencido por vosotros, pues mi castillo no está demasiado lejos de aquà y se lo entregaré por la mañana como lugar seguro para que se defienda, ya que no queréis seguir mi consejo; lo llevaré allà ante vuestros propios ojos con tanta tranquilidad que no perderá una moneda sin que vosotros perdáis tres o cuatro. Cuando esté en mi castillo, podrá esperar a salvo y a gusto los socorros de su tierra, pues yo podrÃa tenerlo allà un año entero frente a vosotros. Y si puede escapar sano y salvo de ésta, os destruirá a todos, a uno tras otro, y nadie se salvará: por eso os hubiera sido mejor creer un consejo bueno y leal, en vez de emprender algo que no podréis llevar a cabo. Y en cuanto a lo que decÃs de que cometo deslealtad y felonÃa, y de que lo apoyo, mentÃs todos y no habÃa entre vosotros ninguno que se atreva a probar que dice verdad sin que yo me enfrente a él ahora mismo o cuando llegue el dÃa, sin esperar más.